Una vida dedicada a la literatura y a la docencia.

1980-1999

GTB con Clara Aldán (Charo López) durante el rodaje de Los gozos y las sombras

En 1980 GTB, a los setenta años, terminó su actividad docente y se dispuso a disfrutar de una jubilación que se caracterizó por la intensa creación literaria y los viajes. Un año después de abandonar la cátedra publicó La Isla de los Jacintos Cortados, por la que le concedieron el premio Nacional de Literatura. Al tiempo, inició sus Cotufas en el golfo, una colaboración para el diario ABC de Madrid.

1982, tiempo de cambios políticos en España, fue otro año memorable en su cronología, ya que la publicación de dos nuevos libros –la novela Dafne y ensueños y sus diarios de trabajo, que tituló Cuadernos de un vate vago– vino acompañada del premio Príncipe de Asturias de las Letras, ex aequo con Miguel Delibes.

Además, logró el espaldarazo de la popularidad gracias a la adaptación televisiva de Los gozos y las sombras.

Por fin, al hilo del éxito, encontró editor para La Princesa Durmiente va a la escuela (1983), y también se publicaron Quizá nos lleve el viento al infinito (1984) y La rosa de los vientos (1985), casi sin descanso, al tiempo que algunas obras aparecían en otros idiomas: La Isla de los Jacintos Cortados en gallego en 1983, Don Juan en italiano en 1985 y El cuento de Sirena en portugués en 1986. El reconocimiento del público fue seguido de los honores académicos, pues recibió doctorados honoris causa por varias universidades.

En 1985 fue el primer novelista español galardonado con el premio Miguel de Cervantes. Los años siguientes continuarían con la publicación de casi un libro al año, además de viajar por todo el mundo ofreciendo charlas, conferencias y cursos. En 1987 desembarcaba en el panorama literario Yo no soy yo, evidentemente, y en 1988 Filomeno, a mi pesar, obra que recibiría el premio Planeta. El mismo año apareció la primera traducción al francés de una de sus obras, en este caso el Don Juan, idioma al que, junto al portugués, ha sido traducida casi toda su obra.

En 1989, GTB publicó la Crónica del rey pasmado, que dos años después llevaría al cine Imanol Uribe, y que consiguió ocho premios Goya. Santiago de Rosalía Castro, otro libro sobre la ciudad jacobea, salió el mismo año de la imprenta. En 1991 Las islas extraordinarias; en 1992 La muerte del decano; en 1994 La novela de Pepe Ansúrez (premio Azorín); y en 1995 La boda de Chon Recalde. En 1997 salieron Memoria de un inconformista –recopilación de los A modo publicados en Faro de Vigo– y Los años indecisos. Durante este periodo de intensa producción literaria serían varios los premios y reconocimientos que recibiría a uno y otro lado del Atlántico, como el doctorado Honoris Causa por la Universidad de La Habana, en 1992, o el premio Castilla y León de las Letras, en 1995.

La noche del 27 de enero de 1999, casi con el fin de siglo, Gonzalo Torrente Ballester falleció en su casa de Salamanca.

Pocos días después llegó a las librerías su último escrito, Doménica, un relato para niños en el que la imaginación y la fantasía son los auténticos protagonistas. Calificado como uno de los grandes novelistas españoles, la denominación de «El Señor de las Palabras», acuñada por Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, resume en cinco palabras la dedicación de toda una vida a la literatura y la docencia. Fue enterrado en el cementerio de Serantes, y su legado permanece en la fundación que lleva su nombre, en Santiago de Compostela.